Apareció como villa en el siglo
XIII y entra en la Historia de la mano de los monjes calatravos,
que la elegirán como lugar de residencia y centro
gubernativo de sus posesiones.
La Edad Moderna supone para la ciudad
la llegada de los Függer o Fúcares, banqueros
alemanes que, a causa de problemas financieros del rey Carlos
I, fueron beneficiarios de las rentas de las minas de Almadén,
que pertenecían a la Orden de Calatrava; de este
modo, quedarán tanto ellos como sus administradores
(los Wessel y los Xedler) vinculados a la historia de la
villa, que durante esta época crece y se embellece.
En los siglos XVII y XVIII se fundan
las Reales Fábricas de Encajes y Blondas, que concentraron
a más de 8.000 trabajadores. En esta época
(1750-1761) Almagro se convierte en la capital de la antigua
Provincia de La Mancha, gracias a los buenos oficios del
Conde de Valdeparaíso, a la sazón Ministro
de Hacienda de Fernando VI.
Pasear por las calles de nuestra
ciudad constituye una invitación a sumergirnos en
su pasado, en la leyenda de monjes guerreros y caballeros,
en la grandiosidad de sus iglesias y conventos, o en la
perfecta traza de su inalterado Barrio Noble; pero también
en la realidad de una población que durante este
siglo ha desempeñado un papel primordial como claro
referente cultural en La Mancha, especialmente desde la
perspectiva teatral, merced a su Festival Internacional
de Teatro Clásico.